Jigoku Nariel

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    Kuchiki Yoruhana
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    Jigoku Nariel

    Mensaje  Kuchiki Yoruhana el Miér Ago 18, 2010 8:23 am



    Las tenues luces azuladas que iluminaban el amanecer, fueron las primeras testigos que descubrieron un sobrecogedor espectáculo... una gran parte del bosque ardía en enormes lenguas de fuego que consumía sin problemas todo a su paso, la velocidad con que estas se extendía, fácilmente arrasaría con una enorme extensión en apenas unas horas. El humo ennegrecido se levantaba en gigantescas columnas, que dificultaban la visión.

    Hazuki Akane permanecía suspendida en el aire, observando… justo en la dirección contraria al viento, evitando así las molestas concentraciones de ceniza que sin duda plagaban el ambiente tan solo un poco más cerca de aquello.

    La estilizada silueta se encontraba a la espera de una chica proveniente de un lugar no muy lejano a donde se encontraba ahora, en el Rukongai. Uno de sus mejores amigos, Ketsuke Taiga, también maestro de la Academia de Artes Espirituales, le había pedido entrenar a la joven. Con mucha renuencia y después de una larga conversación, Akane por fin accedió.

    El ondulante danzar de las llamas resultaba fascinante y sin duda aquello ayudó a que la espera resultara un poco menos desesperante. Cuando algo muchos metros por debajo llamara su atención…





    Off Rol
    Bienvenida a la Academia ^u^, en esta tarea inicial debes narrar tu camino hasta ese lugar en el bosque, donde esperas encontrar a tu nueva maestra. Debes ir por tierra, o al menos a la altura de ésta, pero en tu camino encontrarás a una mujer que intenta huir del fuego, haz lo que creas correcto y luego encuentra a Akane.





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    Re: Jigoku Nariel

    Mensaje  Jigoku_Nariel el Miér Ago 18, 2010 3:01 pm

    Había recibido el aviso de que la que sería su nueva maestra esperaba verla ese mismo día y el lugar en el que se encontraba. Ciertamente la pereza siempre había podido en la lucha contra las tareas que la shinigami debía hacer, pero ese día era diferente y lo sabía. No podía quedarse allí en casa mirando las musarañas. Cogió su zanpakutou y una botella de agua para el camino y, enfundada en su traje de la Academia, salió de su cuarto en dirección a la zona acordada.

    A esa hora tan temprana, la mayoría de los muchachos descansaban plácidamente en sus camas, esperando a que el sol se alzara un poco más en el firmamento para comenzar un nuevo día de entrenamiento “Quizá Zen si esté despierto” pensó para si mientras caminaba hacia la salida del edificio. Había conocido a ese curioso muchacho de ojos carmín al poco de entrar en la Academia, y su hiperactividad y ternura habían conseguido que enseguida la pelirroja se encariñara de él. Despertaba un lado maternal en ella, pero también consiguió despertar uno un tanto travieso en cuanto vio por primera vez que un simple gesto mal interpretable por su parte podía llegar a tornar sus mejillas a juego con sus ojos. No pudo evitar sonreír ante aquel recuerdo a la par que abría la botella de agua para dar un pequeño traguito.

    No tenía tiempo para pensar en recuerdos y quedarse embobada con ellos. Ketsuke-dono la había hablado de su nueva maestra y de que debía darlo todo con ella para mejorar, y aunque la vagueza era una de las cualidades más recalcables de la shinigami, si había algo que no le gustaba era no cumplir las expectativas que la gente ponía en ella. Si las conseguía cumplir, sabía que podía hacerse más y más fuerte.


    Pero esos pensamientos llegaron a su fin de una manera más que brusca. A lo lejos podía ver el humo ascendiendo desde el bosque, e incluso casi podía percibir la danza de las llamas mofándose de las criaturas vivas que asolaba a su paso. Con la botella de agua en una mano y con la otra posada sobre su zanpakutou, salió a la carrera hacia allí ¿Y si a su maestra la había pillado por algún casual y ahora no podía salir? No sabía porqué, pero en ese momento ni siquiera pensó en ella, un instinto interno la había empujado a aquella locura.

    A medida que avanzaba, sus piernas se sentían más cansadas, sus pulmones luchaban por acoger más aire del que podían y el sudor perlaba su tostada y suave piel. Además de eso, a medida que se acercaba al bosque, el calor era mayor y el aire mucho más denso, lo que hacía que aún se sintiera más pesada.

    -Vamos, Nariel… solo un poco más- se dijo a sí misma. Tenía que llegar, tenía que…

    Pero se detuvo a mitad de ese pensamiento al ver a una mujer huyendo de las llamas. Tal como pensó ya había llegado ya hora intentaba huir de las llamas. Tenía la piel tiznada de negro debido al humo, con chorretones más claros por el sudor que el calor producía tan cerca del fuego. Se acercó a la carrera a la mujer, tomándola con cuidado del brazo y alzando la voz para que pudiera escucharse por encima de aquel ensordecedor ruido de ramas partiéndose y cayendo estrepitosamente al suelo, avivando aún más las llamas.

    -¿Es usted Hazuki-dono?- preguntó, tomando una gran bocanada de aire justo antes de comenzar a toser. La mujer simplemente negó. Tosía bastante más que ella y parecía bastante cansada. Posiblemente había inhalado mucho humo y estaría apunto de desfallecer. La shinigami no lo dudó ni un instante: se arrancó una de las mangas del uniforme y la empapó con parte del agua de la botella, tendiéndoselo a la mujer -Tápese la boca y la nariz con esto, respire ahí ¿de acuerdo? No se lo quite hasta que no esté siendo atendida- la mujer asintió con un firme movimiento de cabeza, mirando a la pelirroja con los ojos vidriosos, irritados. Nariel sonrió con seguridad, intentando infundirle a aquella pobre alma el mismo valor que intentaba infundirse a si misma -Camine encorvada hasta que se aleje lo suficiente; el humo tiende a ir hacia arriba-

    Apenas un par de minutos después, la shinigami ya estaba corriendo por entre el fuego. Se había arrancado la otra manga y había hecho exactamente lo mismo que con la mujer. Mantenía el trozo de tela húmedo bien fijo sobre su nariz y su boca, mientras sorteaba todas las trampas que su ardiente enemigo la iba poniendo por el camino: ramas que caían de repente, setos que ardían con una rapidez increíble,… Empezaba a pensar que su nueva maestra había sido más lista que ella y al ver aquel fuego había decidido no acercarse. Si, probablemente esa sería la razón por la que no la encontraba.

    Al llegar a un pequeño claro donde el fuego la dio un mínimo respiro, alzó la mirada hacia el cielo y allí la vio, suspendida en el aire, altiva y majestuosa… Aquella debía ser su nueva maestra, no había duda. Tosió un par de veces sobre la tela y cogió aire antes de destaparse la boca.
    -Hazuki-dono ¿Es usted?- y allí, entre fuego y humo, esperó pacientemente la respuesta de su interlocutora.
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    Re: Jigoku Nariel

    Mensaje  Kuchiki Yoruhana el Jue Ago 19, 2010 11:02 am


    El cabello negro flotaba en agitadas ondas alrededor de Akane, levantado por el hirviente aire debajo de ella, dándole una apariencia extrañamente hermosa. Lo que había llamado su atención un instante atrás, era una frágil silueta de uno de aquellos habitantes del Rukongai que por alguna razón había quedado peligrosamente cerca de las llamas, pero en ese instante “algo” volvió la escena un poco más interesante.

    Definitivamente esa tenía que ser la chica que esperaba, le habían dicho que sería fácil de reconocer, y aun a esa distancia pudo notar que no se equivocaban. Jigoku Nariel, era la pelirroja que intentaba ayudar a la asustada mujer cuya piel se veía ennegrecida por las cenizas; las intenciones de la chica parecían buenas, sin embargo en cuanto ésta poso su mirada sobre la maestra, algo pasó a su lado… una enorme rama crujió estruendosamente al ceder ante el fuego… los ojos de la mujer, que al menos por algunos segundos se había sentido a salvo, se levantaron solo para notar que las brasas y carbón hirvientes agitados por el viento de la caída, estaban a punto de acabar con su existencia…

    Solo hubo tiempo para que con un ligero ademán de cabeza Akane le señalara a su nueva alumna que viera hacia allá, mientras un leve susurro escapaba de sus labios.

    ― Shou…

    La ardiente rama, fue lanzada sin ninguna dificultad por la enérgica ráfaga de viento expulsada por el kidoh, muy lejos de donde se encontraba la mujer que aun con semblante aterrado levantó el rostro hasta Akane, en un gesto de agradecimiento servil, pero ella ni siquiera le devolvió la mirada, no había necesidad, simplemente llevó la mano derecha al frente haciendo un gesto con el que le pedía a Nariel subir.

    Atentamente Akane examinó a la pelirroja, su belleza no era un punto que pasar por alto.

    ― Hazuki sensei ― Respondió por fin de forma cortante.

    Sus ojos azules se fijaron sobre los de la chica, al expresar con un tono áspero.

    ― Ahora dime, Nariel chan, ¿porque alguien ha creído que mereces un entrenamiento especial?





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    Re: Jigoku Nariel

    Mensaje  Jigoku_Nariel el Jue Ago 19, 2010 5:02 pm

    El pánico inundó el cuerpo de la shinigami cuando sus ojos se dirigieron hacia el lugar donde la mujer señalaba. Una rama se había desprendido y caía a una rapidez descomunal sobre el alma que minutos antes ella misma intentara ayudar. Notó el corazón acelerarse a mil por hora y un grito de ”¡¡Cuidado!!” morir en su garganta.

    -Shou…- una simple palabra y la rama había cambiado completamente de rumbo, siendo lanzada varios metros más lejos de donde estaba aquella aterrorizada mujer. La shinigami volvió a alzar la mirada hacia su nueva maestra. Le pareció a primera vista una mujer más que imponente, casi aterradora, pero había algo en ella que hacía que se la respetara, un aura muy fuerte, invisible e intangible, pero existente. Por un instante ambas miradas se cruzaron, la violeta de la pelirroja, y la azulada de la sensei ”Es realmente fuerte…”

    -Hazuki-sensei- su tono fue firme y cortante, y aquello provocó un escalofrío de terror en la shinigami. Si había sido así por una pequeña nimiedad, cómos ería si no contestaba exactamente lo que ella esperaría… pero ¿Cómo saber qué podría pensar aquella impasible y fría mujer? -Ahora dime, Nariel-chan, ¿Porqué alguien ha creído que mereces un entrenamiento especial?-

    ”¿Porqué alguien ha creído que merezco un entrenamiento especial?” La pregunta la pilló completamente desprevenida ¿Qué podía contestar a eso? No podía mentir realzándose, porque realmente ella no se veía una shinigami fuera de lo normal. Quizá, pensaba ella, lo más destacable de su persona era su fuerza y su entereza a la hora de afrontar las cosas, algo que aprendió a base de vivencias en los distritos bajos del Rukongai. Aún había noches en las que soñaba con la sangre de aquellos que la habían intentado forzar corriendo por entre sus dedos, con botellas rotas y palos que utilizaba para defenderse.

    -Puede que sea porque necesito algún tipo de refuerzo- contestó tras meditarlo unos instantes-Quizá no soy lo suficientemente apta en algún campo y desean que usted me enderece, Hazuki-sensei- realmente, para ella, era la única explicación plausible. Eso si, por su bien esperaba que si no estaba equivocada, no pretendieran quitarla sus hábitos de vaguería ya que, si había algo que adoraba en su vida, era poder llegar tras un largo entrenamiento y pasarse las horas muertas entre cojines.

    Miró atentamente a la sensei, a la espera de una respuesta, con el corazón encogido en un puño, sintiendo un sudor frío recorriendo su espina dorsal, un sudor mezcla del calor sofocante del lugar y de la fuerte presencia de aquella mujer. Ahora su destino en la Academia y en el seretei estaba en sus manos.
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    Re: Jigoku Nariel

    Mensaje  Kuchiki Yoruhana el Sáb Ago 21, 2010 5:44 pm


    Akane la miró por algunos minutos después de escuchar su respuesta sin emitir reacción o juicio, tan solo observando los ojos de la joven. Parecía decir la verdad “al menos” pensaba Akane. ¿Es que ella no sabría si era especial en algo?... ¿podría no haber visto, lo que los demás si?... sin duda su gesto de genuina inocencia y modestia ganaron un punto con la maestra.

    Luego desvió la mirada hacia el incendio y con un tono un poco más relajado, continuó.

    ― Pues hoy es un buen día para descubrirlo. Desenvaina tu zampakutou Nariel chan, atácame.

    Conservando el aire impasible y arrogante, Akane no se inmutó, ni desenvainó al hablar, tan solo esperaba el movimiento de la pelirroja, casi con hastío.

    ― Y no te contengas…

    Un impecable shunpo bastó para desaparecer… la silueta de Akane se dibujó abruptamente a la altura del suelo, en un pequeño claro en donde las llamas ofrecían un descanso, pero donde el humo y el intenso calor hacían que un fuerte deseo de escapar se apoderara del corazón, o al menos es lo que le ocurriría a la mayoría…

    ― Espero que no me hayan hecho venir aquí por nada… demuéstrame que eres diferente… o tu destino estará con las hordas de shinigamis rasos, destinados a no brillar jamás.

    Las lenguas de fuego se cernían sobre la nueva área de combate, amenazantes e imponentes, recordándoles a las presentes que el más mínimo paso en falso, significaría la muerte…





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    Re: Jigoku Nariel

    Mensaje  Jigoku_Nariel el Dom Ago 22, 2010 7:58 am

    Nariel la estuvo observando atentamente durante unos instantes. Ambas miradas parecían mantener un pulso sin fin, pero de manera relajada la sensei la apartó para observar el incendio, algo que relajó mínimamente a la shinigami. Aquella mujer imponía cada vez más, no sabía la shinigami si por si misma o por aquella posición despreocupada que mantenía en el medio de todo aquel ardiente caos.

    -Pues hoy es un buen día para descubrirlo. Desenvaina tu zampakutou Nariel chan, atácame.- Nariel parpadeó ligeramente al escuchar aquellas palabras. La invitación a golpear a aquella mujer la habían pillado completamente desprevenida.

    -¿Que la ataque, sensei?- preguntó, titubeante. Las manos habían comenzado a temblarle ligeramente ¿Cómo iba a atacar a un superior? ¿Cómo iba a alzar sus armas contra su nueva maestra?

    -Y no te contengas…- antes de que la pelirroja pudiera responder a aquella invitación con una negativa, la sensei desapareció de su vista en un solo parpadeo. Sintió el corazón acelerarse más aún ¿Estaría apunto de ser atacada por ella? Pero no, en el claro pudo verla nuevamente, a la espera de su nueva alumna.

    Con tranquilidad, caminó hacia el claro donde las llamas conformaban un precioso y colorido ring de pelea, pero el humo y el calor eran angustiosos. La gracia fue que, pese a ello, Nariel empezaba a sentirse cómoda en aquel calor, entre aquellas llamas.

    -Sigo sin comprender porqué quiere que la ataque, Hakuzi-sensei. Lo último que quisiera sería acabar malherida- explicó en un vano intento por parar aquella pelea. Lo último que le apetecía era enzarzarse en una violenta pelea con aquella preciosa mujer. Sería gastar demasiadas energías.

    -Espero que no me hayan hecho venir aquí por nada… demuéstrame que eres diferente… o tu destino estará con las hordas de shinigamis rasos, destinados a no brillar jamás- las llamas se alzaron imponentes, cerniéndose sobre el ring amenazadoras, apoyando la idea de la pelea, alimentándose de la tensión de la escena. La pelirroja sonrió y, por un instante, un brillo de fiereza, como el de un depredador, cruzó su violácea mirada.

    -No me interesa brillar, Hazuki-sensei- dijo la mujer, con parsimonia, a la par que echaba la mano derecha a la wakizashi que pendía de su espalda, cerrando los dedos alrededor de las rojizas cuerdas, mientras la izquierda se alzaba a desenvainar el tanto que pendía de su brazo derecho -No me importa formar parte de los shinigamis rasos, porque lo que hace grande a un Shinigami no es su puesto…- con ambas armas desenvainadas, corrió rápidamente hacia la sensei, colocándose frente afrente con ella con una maliciosa sonrisa dibujada en sus carnosos labios, ahora manchados de negro y resecos por la alta temperatura -Sino sus acciones- Y dicho eso, lanzó un ataque en diagonal con la izquierda, con el tanto, para intentar distraer su atención y así poder intentar acercar con la wakizashi. Pero, aunque tuviera que luchar, su verdadera intención con aquel ataque no era herirla, sino rasgar su ropa y demostrar que, si se ponía seria, podía ofrecer algo más que una bonita cara.
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    Re: Jigoku Nariel

    Mensaje  Kuchiki Yoruhana el Dom Ago 22, 2010 11:46 am


    Aún cuando las palabras de la nueva estudiante fueron escuchadas, la opinión de Akane acerca de combatir, estaba tomada…

    Entonces el primer brillo que existe solo en los ojos de los guerreros, apareció en las pupilas de la chica, “al menos, eso es algo…” pensó la mujer de cabello negro. El ágil movimiento de la futura shinigami la llevó justo frente a ella en un instante, para lanzar dos hábiles estocadas con sus katanas, pero Akane ya no estaba ahí para cuando pretendieron acertar… un shunpo la había llevado a espaldas de la joven, casi al instante en que su brazo derecho extendido bajaba desde el punto más alto de su rango de movimiento, buscando el espacio entre el cuello y el hombro de la pelirroja para impactar con el canto de la mano, y rematar ese movimiento con una patada frontal desde la izquierda, dirigida a la zona media de su cuerpo. Acto seguido, un veloz salto la llevó varios metros hacia atrás, sin despegar la calmada vista, del lugar donde se hallaba Nariel.

    ― Cambiarás de opinión… ― Musitó, antes de comenzar un cántico…

    ― Hadou 33, Soukatsui… Oh Señor, Máscara de Carne y Hueso, toda creación, batir de alas, aquellos que llevan el nombre de hombre, verdad y temperamento. A través de este muro sin destino de sueños desatados pero con la leve ira de tus garras.

    Al instante una enorme esfera de fuego azulado salió en dirección a la estudiante, a gran velocidad… Aquel ataque aún no impactaba el suelo, cuando un ágil salto colocara a Akane por encima de Nariel, al tiempo que una fuerte corriente eléctrica era despedida desde su mano hacia el área de combate…

    ― Hadou 12, Tsuzuri Raiden.

    Entonces el sonido de ambos impactos casi al mismo tiempo no se hizo esperar… al igual que el resto de la frase de la sensei, que a prudente distancia, volvía a tocar el suelo con tal calma que parecía que nada hubiera ocurrido.

    ― Cambiarás… cuando brilles, joven Nariel.





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    Re: Jigoku Nariel

    Mensaje  Jigoku_Nariel el Lun Ago 23, 2010 9:03 am

    No vio venir ese movimiento. La mujer había desaparecido completamente de delante suya y, cuando quiso darse cuenta, notó la mano golpear su nuca, desestabilizando su equilibrio y provocando que tampoco pudiera esquivar el segundo ataque, una patada que golpeó su costado, enviándola al suelo y rodando varios metros. Cayó de lado, con la mano sobre el costado. Le dolía, realmente había sido un golpe fuerte y su costado, probablemente al día siguiente lo tendría todo amoratado. Pero no, no podía dejarse vencer.

    -Cambiarás de opinión…- las palabras de la sensei hicieron que Nariel alzara la cabeza en busca de su ahora rival. Estaba a pocos metros de ella, de pie, con las manos extendidas - Hadou 33, Soukatsui… Oh Señor, Máscara de Carne y Hueso…- Había comenzado un cántico de Kidou ”Maldita sea” pensó la pelirroja mientras se incorporaba lentamente. Tenía que levantarse y seguir, no podía quedarse ahí quieta a la espera de que aquel kidou la alcanzase.

    La esfera azulada enseguida se precipitó hacia la shinigami, a gran velocidad, a la par que la sensei realizaba un nuevo kidou. Cogió aire y apretó ligeramente la mano, concentrando allí parte de su reiatsu. Su voluntad, su propio orgullo no la permitía rendirse tan pronto… no, claro que no.

    -Hadou no ichi- alzó el brazo, realizando un firme barrido con la mano a la par que fruncía el ceño y alzaba la voz, de manera imperativa -¡¡Shou!!- Una ráfaga de viento salió de aquel movimiento, desviando lo suficiente aquellos dos kidou para que no la diesen. Aún así, la onda expansiva del choque de ambos, provocó que volviera a caer al suelo, raspándose los brazos desnudos, levantando su morena y delicada piel al contacto con la gravilla del suelo.

    - Cambiarás… cuando brilles, joven Nariel- la voz nuevamente la hizo reaccionar. Se reincorporó algo dolorida tras recoger su tanto y su wakizashi, que habían quedado tiradas en el suelo, y una ligera sonrisa apareció en sus labios.

    -No… no lo haré- negó suavemente, alzando la mirada hacia ella, con el fuego de su corazón reflejado en el violeta de sus ojos. Había dentro de ella una determinación escondida, algo que estaba impulsándola a sacar la fuerza que normalmente permanecía escondida -La gente, cuando brilla, deja de lado lo que realmente es importante… Yo no quiero hacerlo…- murmuró, apretando ambas empuñaduras firmemente. Claro que no quería, porque en el fondo de su corazón, el verdadero motivo por el que estaba allí, era otro muy diferente….


    Lo recordó como si hubiera sido hacía un par de días. Zaraki era un lugar muy pobre y muy peligroso tanto para niños como para adultos. Llevaba días, quizá meses sin probar bocado y pasándose las horas escondida con tal de que aquellos hombres no volvieran a cogerla. La vez anterior había tenido la suerte de tener a mano una madera con un clavo oxidado. El resto lo había hecho su fuerza de voluntad y su miedo a ser mancillada.

    Las telas que cubrían su desnudez aún tenían las manchas de sangre reseca, incluso aún había restos en sus piernas pero no se atrevía a salir, no se atrevía a intentar ir a darse un baño. Quizá, la siguiente vez, no tendría tanta suerte. Cuando murió, aquel hombre le había dicho que la Sociedad de Almas era un buen lugar, que viviría feliz y protegida ”¿Feliz? ¿Protegida? ¡Y una mierda!” había pensado entonces ¿Cómo podía decir eso? ¿Es que no sabía las cosas que pasaban? ¿Tan ignorante era ese hombre? No era feliz, claro que no… se pasaba el día atemorizada, escondida en un rincón, temiendo que otro grupo de hombres intentara atraparla.

    -¡No, No! ¡Soltadme!- una infantil voz había hecho que Nariel dejara de navegar por sus pensamientos. Con cuidado se asomó ligeramente por el callejón para observar qué ocurría. Un grupo de hombres había conseguido atrapar a una muchachilla joven que, según vio Nariel, no pasaría de los 15 años. Los hombres reía y la obligaban a caminar hacia un lugar más oculto, soltando todo tipo de frases soeces que la pelirroja prefirió no escuchar. Sabía lo que iban a hacerle y no podía dejar que eso sucediera, no a una inocente muchacha.

    Buscó con la mirada a su alrededor hasta que dio con un trozo de madera y una botella rota. Menos era nada. Agarró el listón con la izquierda y la botella con la diestra, saliendo de su escondite. Desde ahí los recuerdos ya le eran borrosos… Recordaba los gritos de dolor de los hombres, los llantos de la niña, la sangre salpicando y recorriendo, una vez más, su cuerpo. No iba a permitir que eso pasara de nuevo, no iba a permitir que nadie mancillara a más muchachas. Recordó vagamente que había agarrado a uno de ellos, el que parecía el cabecilla, del cabello, y le había obligado a mirarla a los ojos.

    -¿D-de dónde sales?¿Q-q-quién eres?-preguntó, atemorizado. Nariel sonriño, acercando sus rojos labios, manchados de sangre, al oído del hombre.

    -He venido desde el Infierno… y soy vuestra peor pesadilla



    -Y si llego a brillar me aseguraré de cumplir mi promesa- apretó lo puños más fuertemente aún, sintiendo cómo las cuerdas de las empuñaduras se clavaban en sus manos. Entrecerró los ojos firmemente, sin dejar de mirar a la mujer -. Pienso proteger realmente todas las almas del seretei porque, para eso, estamos los shinigamis- y con el subidón de adrenalina que le dio aquel recuerdo, se lanzó con rapidez hacia la sensei, más rápido que antes, alargando una de las manos hacia ella… si la atrapaba, acabaría todo - Largo como la serpiente, duro como el hierro, resistente como la fe, toma forma y ata los brazos del poder. Bakudou no yon ¡Hainawa!- Si, necesitaba, al menos, imposibilitarle los brazos para pillarla por sorpresa… si lo conseguía, todo le sería más sencillo.
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    Re: Jigoku Nariel

    Mensaje  Kuchiki Yoruhana el Mar Ago 24, 2010 8:14 pm


    Determinación… sin duda ese había sido el motivo… aquella chica cuyas habilidades parecían ser desconocidas incluso para ella misma, tenía ese poco común brillo en los ojos, que generalmente lleva al triunfo a sus poseedores. Algo en su corazón… algo en aquella alma… resultaba inquietante, vibrante tal y como el fuego que se cernía cada vez más sobre sus siluetas.

    ― Bakudou 39, Enkosen…

    El tono de su voz, subió apenas un tono, pero fue lo necesario para denotar que había necesitado apresurarse para evadir el ataque, éste si había sido en serio… un bellísimo resplandor azul cubrió la figura de la sensei, esa cúpula sería suficiente para detener el ataque.

    Akane recargó el cuerpo ligeramente a la izquierda al mismo tiempo que su arma abandonaba la obscuridad de la funda, con un movimiento tan ágil que dejaba ver que sin duda le había realizado en millones de ocasiones. Un solo movimiento ondulante puso la zampakutou que vibraba con los temores de las almas al frente de la shinigami, con la intención de detener el ataque frontal. Sus labios apenas se habían torcido con una suave mueca que difícilmente se habría podido diferenciar entre el sarcasmo arrogante y la genuina simpatía.

    ― Si no brillas, nunca lo harás, nunca protegerás a nadie… simplemente porque no puedes. ¿Eso es lo que quieres, Nariel? ¿Quieres aparentar que es porque no quieres ser arrogante…? Porque no quieres ¿ser más…? Por temor a fracasar, por saber que no pudiste hacerlo…

    Un instante después, Akumu fue blandida de izquierda a derecha con tal fuerza que su movimiento fue a penas una línea visible en el viento a la altura del cuello de Nariel… tan solo un segundo de duda, y eso podría haberle costado la vida.

    El agudo sonido el viento cediendo ante la hoja, delataba que ésta había bajado su guardia con fuerza hasta estar a un lado de Akane, que sin quitar la mirada de la chica, exclamó con infinito aplomo.

    ― Kano Tamashii Ni Mite.

    No hizo falta más… enormes cantidades de energía obscura salieron despedidas de la zampakutou en todas direcciones, como serpenteantes listones de humo denso y viviente.

    ― No hay más discusión… hazlo, o muere… Sangurasu…

    Efectivamente aquello tenía que ser el final… no había donde escapar, no había nada más que hacer, ocho sombras rodearon a la alumna… solo hubo un instante de calma antes de que cuatro de ellas desde distintas direcciones se arrojaran en su dirección agitando las largas extensiones que pendía de sus brazos, para atar los brazos y piernas de la joven pelirroja, sabiendo que por más veloz que fuera no podría evadirlos a todos…

    ― Nadie me amarra a mí, linda, pero puedo amárrate a ti, si es lo que quieres… ― Pronunció en tono burlón.



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    Spoiler:

    Técnicas utilizadas:
    ~ Bakudou 39, Enkosen
    ~ Zanjutsu
    ~ Sangurasu

    Y una observación, linda Nari, usaste el Hadou 1, Shou, contra un Hadou 33, Soukatsui y un Hadou 12, Tsuzuri Raiden, juntos, y… no se me hace muy probable que ni siquiera los haya desviado, recordemos que el poder de los Kidoh va en orden ascendente por su número, y el Shou, que es el 1, pues es el más débil de todos.

    Y en el post anterior, olvidé ponerte las técnicas que había usado, al final del fic xD, lo siento, pero sip, hay que ponerlas. ^u^

    Besos!





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    Re: Jigoku Nariel

    Mensaje  Jigoku_Nariel el Miér Ago 25, 2010 8:45 am

    ¿Cómo había sido capaz, por un segundo, de pensar en poder amarrar a aquella bellísima y peligrosa mujer? Era evidente que no iba a ser capaz de ello… En menos de lo que había esperado, aquella mujer había liberado su zanpakutou y había sido ella la amarrada: Así se encontraba en ese momento, como crucificada, atada de pies y manos por las sombras. Se agarraba con fuerza a sus armas, como si aquellas pudieran salvarla, de algún modo, del amarre… pero no, claro que no… Estaba perdida, la había derrotado…


    -No seas cobarde, niña- aquella voz sonó en su cabeza. Era una voz desconocida, pero sin embargo le resultó tranquilizadora… Una voz suave, varonil, muy grave, casi sensual aunque hablaba con un deje de desprecio. Nariel apretó un poco más las dos armas, cerrando los ojos… y entonces le vio, delante de ella. Era un hombre mucho más alto y corpulento que ella, vestido con una túnica negra que se adaptaba perfectamente a su musculada anatomía. El cabello rojo como el fuego y la piel tan tostada como la suya propia… pero sus ojos, de un tono amarillo natilla, reflejaban un calor ardiente, un fuego interno que la hizo temer. Daba la sensación de que si se fijaba demasiado acabaría completamente calcinada -Deja fluir lo que tu cuerpo guarda...

    -¿Perdón? No comprendo…- su voz, siempre firme, ahora sonaba temerosa. El calor del fuego parecía haberse disipado, tan solo quedaba una agradable brisa a su alrededor -¿He muerto?- más que una pregunta, era una pequeña reflexión. Pero tuvo respuesta, una sonora risa por parte de aquel apuesto hombre.

    -No lo creo… si fuera así yo no estaría aquí- el hombre desapareció un instante de su vista y el corazón pareció detenerse ¿Dónde se había metido? Pero no le dio tiempo a preguntarse más o a intentar contestar a su pregunta. Dos enormes brazos pasaron por la cintura de la mujer, apretándola contra el musculoso torso a la par que sentía unos cálidos labios en su oído. -Solo tienes que decir las palabras…y yo seré completamente tuyo, niña.



    Spoiler:



    Un calor intenso comenzó a recorrer el cuerpo de la shinigami, haciéndola recuperar unas pocas fuerzas… Abrió los ojos y alzó el rostro hacia la sensei. Sus ojos brillaban gracias a su fulgor interno, con más intensidad que antes. Pese a que el fuego continuaba cercando la zona, el calor ya no lo sentía, o al menos eso parecía.

    - Uragiri no itamerimono, tamashi no bannin, kaze to hi no uta... ¡¡Odorinasai, Goubatsu!!-- la explosión de reiatsu fue intensa, aunque realmente no tan fuerte como podría esperarse debido a su ya anterior agotamiento. Ambas armas brillaron en sus manos con un precioso fulgor anaranjado, alargándose hasta alcanzar el tamaño, cada una, de dos wakizashi unidas por el centro. Dos sables mariposa preciosos, enormes, unidos ambos por el centro por una fuerte y gruesa cadena, la mayoría de la cual permanecía inerte aún en el suelo -No temo fracasar… No pienso fracasar murmuró, casi ya sin fuerzas… Aquella explosión de su propio reiatsu había agotado las últimas fuerzas que le quedaban. Abrió los labios de nuevo, buscando terminar de hablar, pero su cuerpo ya no aguantó más… Sus ojos se cerraron y su cabeza cayó hacia delante cuando perdió la consciencia, dejando caer al suelo su propia liberación que, enseguida, volvió a tomar su forma original. Lo había dado todo y, aún así, no había podido ni siquiera rozar a aquella mujer. En su interior se decía que, algún día, querría ser como ella.
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    Re: Jigoku Nariel

    Mensaje  Kuchiki Yoruhana el Sáb Ago 28, 2010 6:11 pm

    Las sombras lograron atrapar a la joven pelirroja… no había sido una gran sorpresa en realidad, un shikai es demasiado para un estudiante prácticamente desarmado. Pero lo que siguió, si fue un poco más inesperado, breves instantes fueron los que la chica quedó sujeta por las largas extensiones de las sombras, cuando algo más, combatió a su lado…

    Un enorme brillo de un rojo más obscuro e intimidante que el propio fuego que danzaba a su alrededor, arrojó a las sombras varios metros mas allá, por unos segundos el ambiente le pareció a Akane mucho más cálido, peligroso, la sensación de estar sola en aquel sitio había desaparecido… por fin, su alumna era algo más…

    La fuerte ola del reiatsu despedido, levantó una densa capa de polvo hasta donde estaba la shinigami, que se vio obligada a entrecerrar los ojos y tomarse un segundo de cautela, intentando notar lo que había sucedido. Las últimas palabras de la chica, que obviamente estaba a punto de desfallecer, dieron el tiempo justo a Akane de llegar a su lado para sostenerla, dejando que la joven quedara tendida en su hombro y brazo derecho al perder el sentido.

    ― No lo harás ― Su frase fue casi un susurro que sabía no tendría testigos, pero aun así sintió la necesidad de decírselo, esperando que una parte de su inconsciente pudiera guardar su frase.

    En ese instante el huidizo espíritu de Akumu se materializó a un lado de la joven, a quien observaba con curiosidad insana y tan de cerca, que fácilmente parecería que iba a besarla, pero el interés de la zampakutou no era ese, buscaba ver algo, saber algo…

    ― Déjala, Akumu.

    El espíritu se retiró lanzando una última mirada a manera de reclamo a su dueña, que en ese momento y por poco común que sonara, había quedado satisfecha con el desempeño de su alumna.

    Ese, como muchos de los días que siguieron en aquel entrenamiento, terminaron de esa forma… tantas tardes, Akane llegó a la enfermería de la Academia con la joven inconsciente, malherida, maltratada… hasta que un día, eso ya no fue necesario… poco a poco, los combates se volvieron más ágiles, espectaculares y gloriosos.

    Solo un instante después en el tiempo, aquella indefensa chica de uno de los Distritos más problemáticos del Rukongai, se había convertido en… algo más…


    Jigoku Nariel
    Capitán del 8º Escuadrón
    Vigilancia, Protección y Mejora del Rukongai



    *****


    Off Rol 1

    Spoiler:

    Solo otra observación ^u^U, ignoraste mi ataque de zanjutsu, o sea, cuando lancé un golpe con la espada hacia tu cuello. Recuerda que eso estaría penalizado en batalla, no hay nada que se puede ignorar. ^u^


    Off Rol 2
    Spoiler:


    Graduada

    Muchas felicidades linda Nari ^u^, por supuesto que tu lugar está como Capitán del 8º Escuadrón, espero que te diviertas mucho y que defiendas siempre a las pobres y buenas almas (cof, cof malvivientes, cof, cof, cof xDD broma, broma >u>) de Rukongai. ^u^

    Aquí tienes tu insignia.


    ¡Besos!




    ~ Art Of Breaking ~


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    Re: Jigoku Nariel

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